Entrevistamos a Carlos Benavent y Cristina Álvarez, de Farmacia Delfe en Collado Villalba (Madrid), reciente incorporación al grupo Digifarma. Hablamos con ellos sobre los primeros pasos del proyecto, el valor de pertenecer a un grupo de compras y la visión que tienen del futuro de la farmacia comunitaria.
Farmacia recién estrenada pero con dos farmacéuticos de amplia experiencia detrás. ¿Cómo ha sido el comienzo de esta nueva etapa?
Es una aventura ilusionante que hemos afrontado con muchas ganas. Empezar desde cero supone un reto y cierta incertidumbre, pero también una oportunidad para aportar nuestra esencia y darle la forma que creemos más adecuada después de tantos años trabajando en farmacia. Poder construir un proyecto propio desde el inicio es algo muy enriquecedor.

¿Cómo pensáis que la pertenencia a un grupo como Digifarma puede ayudar a una farmacia de nueva apertura a crecer más rápido?
Cuando abres, no tienes una clientela fija y tienes que ir creándola. Uno de los factores clave es el precio: Digifarma te permite optimizar las compras y evitar que te perciban como una farmacia cara, algo que puede ser un riesgo al principio. Además, contar con una marca propia de alta calidad ayuda a fidelizar a los primeros clientes.
Y, por último, para nosotros ha sido fundamental sentirnos arropados por la comunidad Digifarma: es una gran familia donde todos intentamos ayudarnos mutuamente, y eso al inicio se nota muchísimo.
Cristina, vienes de gestionar una farmacia en Valladolid. ¿Qué aprendizajes te llevas de esa etapa y cómo los estás aplicando ahora en Collado Villalba?
De aquella etapa me llevo una visión muy clara de lo que funciona en el día a día de una farmacia y de lo que los pacientes valoran realmente. Esa experiencia nos ha permitido diseñar con más criterio el proyecto actual, desde la atención al paciente hasta la organización interna o la selección de servicios. Todo ese aprendizaje sigue siendo la base de muchas decisiones.
Carlos, sabemos que te apasiona la formulación. ¿Qué papel crees que debe jugar hoy en día dentro de la farmacia comunitaria?
Hay una tendencia creciente hacia la individualización de los tratamientos, tanto en farmacia como en clínica y medicina. Por eso, poder elaborar una formulación ad hoc para cada paciente encaja perfectamente con esta evolución.
La formulación no debe percibirse como algo antiguo u obsoleto, sino como una actividad dinámica que exige formación continua y técnicas validadas y en constante evolución. Con esa idea hemos concebido un laboratorio equipado con instalaciones y equipos muy avanzados, que será uno de los pilares del proyecto profesional de Farmacia Delfe.
Sois pareja, farmacéuticos y padres por partida doble. ¿Cómo conseguís equilibrar la gestión de la farmacia con la vida familiar?
La clave es la organización y el reparto de tareas, tanto en casa como en la farmacia. Cada uno tiene su parcela y sus cometidos, pero siempre estamos atentos para echarnos una mano cuando hace falta. Para nosotros son fundamentales los protocolos —o “rutinas”, como las llamamos en casa— porque hacen que todo sea más fácil, homogéneo y llevadero.
¿Qué tendencias o cambios creéis que marcarán el futuro de la oficina de farmacia?
La individualización de tratamientos, la competencia con Internet y otros nichos de mercado, y la inteligencia artificial, que puede ser una gran ayuda o tu peor enemigo según cómo se utilice.
También creemos que es esencial mantener la empatía y la cercanía con los pacientes para evitar que la farmacia se deshumanice; esa confianza en el farmacéutico debe seguir siendo muy alta.
Y no debemos olvidar los servicios farmacéuticos profesionales, que aportan un valor real a la sociedad desde el rol sanitario del farmacéutico.


